¿Conoces alguna de las leyendas de nuestras playas? Te traemos una de las más antiguas y misteriosas…

La verdad es que solemos sorprendernos de las leyendas que se producen en lugares tan lejanos, provocadas por la presencia de seres misteriosos raramente vistos y que, e su marginalidad, se dejan ver poco aunque causan grandes estragos.

A todos nos suena el terrible monstruo del Lago Ness: Nessie (como le llaman cariñosamente los escoceses), o seres como el yeti (el abominable hombre de las nieves o “Migou”, para los tibetanos del Himalaya), un ser que va desde la creencia de que se trata de un homínido adaptado a las cumbres a un ser misterioso a, como escribió Reinhold Messner, apariciones del oso blanco tibetano. En Estados Unidos existe la leyenda del sasquash y en Rusia el Chuchuba.

Y en el mar, que es lo que más nos ocupa en Playea, seres como Moby Dick (al que ya dedicamos una entrada en este blog al rodarse en la Playa de las Canteras la excelente película de J. Houston), el kraken escandinavo o el “clásico” leviatán, que ya se mencionaba en la Biblia, en el Talmud y  en mitologías como las d, sumeria, India, y otras. Dedicaremos más adelante entradas para conocer a estos bichos marinos.

Hoy, sin embargo, queremos hablar del cuélebre. El cuélebre es una leyenda legendaria que se extiende y origina en Cantabria, Galicia… pero especialmente en Asturias. Se trata de una especie de dragón o serpiente, cubierto de escamas con unas alas membranosas. Tiene supuestamente un aliento fétido que emite un silbido terrible que se oye desde lejos. Vive en cuevas, simas y fuentes, y le gusta la humedad cuando sale, por lo que también recorre las playas en búsqueda de alimento, normalmente, personas o animales.

De dónde vienen estas leyendas es difícil de saber, pues se pierden en la noche de los tiempos. Seguramente son la respuesta de la gente en un mundo donde la electricidad no existía y las sombras de la noche lo ocupaban todo profundamente, en lugares cubiertos por bosques densos, oscuros y llenos de animales salvajes. La superstición y el miedo que cualquiera de nosotros sentiría en esas circunstancias harían el resto.

Además, el cuélebre gustaba de acumular inmensos tesoros en su guarida, por lo que a la leyenda se añaden más elementos negativos de la condición humana: avaricia, ambición, deseo, envidia, miedo… que concentran lo peor de nosotros mismos en seres externos. El cuélebre devoraba personas o ganado por igual y cuando envejecía, prefería vivir en cuevas en el fondo del mar.

Algunas leyendas locales hablan de cómo se las gastaba: en el convento de Santo Domingo (Oviedo) devoraba a los monjes uno a uno. Hasta que un monje cocinero le dio de comer un pan lleno de alfileres, lo que le provocó la muerte (no quiero imaginarme haber estado cerca del pobre  ser en un momento así).

Puerto de Cudillero

Puerto de Cudillero

Y cerca de la hermosísima localidad playera de Cudillero es famosa la leyenda del cuélebre de Brañaseca, que vivía (creemos que ya no) en una cueva próxima a la costa y al que los vecinos daban de comer borona y pan de centeno para salvar su ganado, pues el cuélebre, si mata es por hambre. Supongo que cansados de tener una plantación de maíz en exclusiva para alimentar a su bestia, terminaron por matarlo tirándole una enorme piedra incandescente al grito de: ¡Abre la boca, culebrón, que ahí te va el boroñón!

Podemos acercarnos a la cueva, pero sin hacer demasiado ruido por si acaso. Las playas de Albuerne, El Calabón, El Castrillón,… y tantas otras playas, así como el puerto de Cudillero, hacen que merezca la pena correr el riesgo.