La apasionante historia del traje de baño femenino es reflejo de la sociedad playera

Sicilia. Año 1.600 antes de Cristo. Dicho así, parece que comenzamos una de las historias de la abuela mayor de aquella serie de éxito en los años 90: “Las chicas de oro”. Pero no: te hablo de la villa siciliana de Piazza Armerina, donde hay unos mosaicos datados en el año 1.600 antes de Cristo con algunas escenas playeras en las que varias mujeres practican distintos deportes… ¡¡en bikini!!

Bikini_mosaico

La historia del traje de baño no tiene más registros históricos o artísticos durante muchos años, a través de los cuales imaginamos que el oscurantista periodo medieval hacía que hombres y mujeres se bañaran (no sabemos si en la playa, más allá de la necesidad de los pescadores o de otros trabajadores del mar) con sus ropas normales o, quizás, ligeros de ropa en la intimidad.

Es a finales del siglo XVIII cuando bañarse en el mar empieza a convertirse en algo digno de un rey, cuando Jorge III de Inglaterra adopta baños como terapia, por sus terribles dolores de espalda que aliviaba estirando sus músculos en el agua y, también, para relajarse en sus periodos de locura, que le llevaron incluso al Parlamento Británico para que se aprobara una regencia en espera de su recuperación.

Jorge III de Inglaterra

Esta historia del traje de baño se habría quedado aquí si no fuera porque las modas de la corte se transmiten de una a otra rápidamente y es cuando la nobleza asume el baño playero como algo distinguido, cuando empieza a expandirse como símbolo de ostentación y poder económico.

François_Pascal_Simon_Gérard_Ortensia di Beauharnais

La reina de Holanda, Hortensia de Beauharnais, que se había casado con el hermano del emperador Napoleón, lució el primer traje de baño de la historia: una especie de malla gruesa de lana que le cubría todo el cuerpo, desde los tobillos hasta el cuello. 10 años más tarde, la Duquesa de Berry era la mujer más popular de la corte francesa y fue además la primera en tomarse un baño sumergiéndose completamente (no sólo meter los tobillos y darse un remojón), por lo que es considerada la primera bañista. Lo hizo en las playas francesas de Dieppe, lo que significa agua muy muy fresquita.

Y así avanzaba la nobleza por la playa, cuando el resto de la población que se bañaba en el mar lo hacía de forma discreta, probablemente desnudos o con una ropa más ligera. El conservadurismo del S. XIX trajo la moral victoriana a las playas de Europa y se acabó lo de bañarse semidesnudos.

¿O no? En el próximo capítulo de la historia del traje de baño femenino podremos saber si esto era así del todo… No te lo pierdas!