En el término municipal de Porto do Son, sometida la mayor parte de los días del año a un fuerte oleaje y a vientos algo más calmados en verano que durante el resto del año, puedes visitar la Playa de Area Longa.

Su arena fina y su tamaño mediano, en un lugar tranquilo, han hecho de ella una playa ideal para los amantes del naturismo desde hace bastante tiempo.

Galicia está plagada de restos arqueológicos increíbles. Grabados neolíticos en las rocas, menhires, castros celtas,…

Muy cercana de la playa, una península rocosa y pequeña penetra en el agua alejándose apenas 15 metros de la orilla, conectándose a ella por un cordón umbilical en forma de istmo de piedra y arena. Sobre la península se encuentra uno de los castros mejor conservados de Galicia, que además ha estado restaurándose, poco a poco, desde el año 2012.

El Castro de Baroña es un asentamiento que estuvo poblado entre los siglos I a.C y I d.C por gentes que volcaron su vida hacia el mar. En su interior amurallado hay 20 viviendas que nos han dejado muestras de cómo se vivía hace tanto tiempo. En el centro de su callejeo hay una plaza protegida del viento, que te permitirá sentarte a respirar el aire fresco del mar y a evocar a los que allí vivieron. Se han encontrado forjas para metales como el oro o el hierro, hornos y restos de conchas amontonadas (“concheiras”, en gallego), junto a anzuelos y otros restos que nos hacen ver que estas gentes probablemente fueran autosuficientes, viviendo del marisco, del pescado y de algo de la ganadería que trabajaban llevando a los pastos de los bosques colindantes, plenos de carballos. Ante los posibles ataques de clanes rivales, existía un foso de unos 4 metros de profundidad como primera medida defensiva. Y después sus muros, que en aquellos tiempos y por su altura y grosor, debieron ser difíciles de franquear.

Grabado neolítico

Cuando se visita el Castro de Baroña, en la playa de Area Longa, resulta inevitable imaginarse a sus antiguos pobladores yendo y viniendo entre sus calles, cargados de cestos llenos de almejas, pescados, tejidos, pieles o trabajos en piedra o en metal: torques, brazaletes, anillos… El entorno es tan inspirador que si cierras los ojos, puedes llegar a sentirte uno de ellos mientras escuchas el batir de sus aguas limpias contras las rocas.