A la playa de los Caños de Meca se accede por la carretera A-2233 que une Conil de la Frontera con Barbate. Esta playa tiene una de las puestas de sol más bonitas que puedas contemplar. Y uno de los mejores lugares para verla es el faro de Trafalgar, del Siglo XVI. Al faro llegas después de un paseo precioso ascendiendo suavemente entre dunas de fina arena dorada. Desde lo alto, podrás deambular alrededor del faro por los caminitos hechos con tablas de madera, contemplando el paisaje hasta donde te alcance la vista, disfrutando de los acantilados, del Tómbolo de Trafalgar (un magnífico istmo de arena declarado Monumento Natural) y de las varias playas que lo rodean, a cada cual más espectacular, salvaje y, todavía, vírgenes… Levantas la vista hacia el océano y la pierdes hacia el infinito. Huele a mar.

Octubre de 1805. La fiebre amarilla había afligido Andalucía y eran pocos los hombres disponibles, por lo que el Ministerio de Marina reclutó mendigos, campesinos, ancianos, algunos presos,… hombres sin demasiada experiencia en el mar. Los barcos de la armada española tampoco estaban en condiciones, pues eran antiguos y estaban mal pertrechados. Los franceses tenían barcos excelentes, muy bien armados. La revolución había diezmado a los aristocráticos mandos, curtidos y con experiencia en los encuentros en el mar, y los había sustituido por mandos sin experiencia que deseaban agradar (o al menos no disgustar) a su emperador Napoleón. 15 navíos españoles y 18 franceses partieron juntos desde Cádiz al encuentro de la flota del Almirante Horatio Nelson, formada por 27 barcos.

Al mediodía del 21 de octubre, el encuentro de franceses y españoles contra los ingleses se produjo frente al faro en el que estás. La bruma, espesa, lo envuelve todo antes del combate. Instantes después, el humo de los cañonazos terminan por convertir la atmósfera que contemplas desde tu atalaya en una nube de fogonazos, gritos, arengas, sangre, juramentos, dolor y llamas… Huele a fuego, a pólvora, a sudor. El mando aliado francés, el Vicealmirante Villeneuve, decide huir prácticamente poco después de avistar a los ingleses. Al navegar a sotavento, su maniobra rompe la línea y deja a la flota franco española expuesta a la doble línea inglesa, que aprovecha la situación para irrumpir sin piedad partiendo a la armada aliada por la mitad.

Sólo en uno de los barcos, el Santísima Trinidad, con una tripulación de  1.150 almas, murieron 205 marinos… Fue una carnicería. Una de las batallas navales más grandes de la historia. Probablemente esta playa que contemplas desde el faro estuvo cubierta esa mañana de heridos, lamentos, llantos y desdicha… A pesar del triunfo, Nelson murió. En Trafalgar Square (Londres), tiene su homenaje por la victoria.

Hueles a mar. La playa de los Caños de Meca, su naturaleza, intacta, salvaje y tranquila…, es muda hoy. Apenas recuerda aquel terrible día.