La sombrilla

 

Mis varillas,

esqueleto de mi cuerpo abandonado,

son manchadas con el tono impertinente

de este óxido holgazán.

Empeñado en bocetarme

como un vagabundo ocioso,

como un alma sin sentido.

No lo quiero.

No soy suya.

No fui silencio al nacer

y no se vivir indolente.

Soy para la gente vida.

Soy verano y soy color.

Soy sombrilla que da el alma

a pieles cansadas de otoño,

de grises de ciudad

que en mi,

buscan recogimiento.

Soy la foto de esta playa

que el Mediterráneo pinta

de codiciada locura.

Y de esa locura renazco

con mi desnudez altiva

para al fin dejar de ser

este andamio abandonado.

Concha