En una remota playa de Uruguay…

Arena blanca. Rocas grandes. Gente loca.

El primo bohemio de Punta del Este, Punta del Diablo, es un pueblo construido de paja, sueños y cerveza. Los ranchitos están construidos en la pura playa y parecen salir de una película – con sus colores y sentimientos de poesía-. Los pescadores siguen en sus rollos, trabajando desconocidos, fundidos en las sombras olvidadas de las olas.

Los mil habitantes pasan diez meses viviendo con una paz y tranquilidad dulce. Cuando vienen las Navidades, ocurre algo. Los jóvenes de Argentina, Brasil y Uruguay llegan con una locura en plan “Spring Break”. Es caos total. Veinte mil visitantes inundan el pueblo. Días de playa y cervezas. Noches de bares y fiesta.

Yo vivía y trabajaba en un hostal que se llama El Diablo Tranquilo. Lo abrió un tipo de Michigan. De hecho, fue uno de los primeros hostales y cambió el sitio porque tuvo mucho éxito apareciendo en el National Geographic y en Lonely Planet. Ayudé con muchas cosas allí, pero más que nada, saqué fotos y grabé vídeos. Me lo pasé muy bien. Fue una fiesta. Con un bar allí abajo y cincuenta camas arriba…

Cuando viajo, normalmente vivo con la gente del sitio. No paso tiempo con expats o viajeros. Pero, en este caso, casi todos fueron viajeros de fuera. Como siempre, hice amistad con una pareja que estaba viviendo en el último rancho, casi encima del mar. Me invitaron a vivir en su pequeña casa. Fue muy interesante: medio duro y siempre divertido.

El tema de los ranchos fue muy fuerte. Como el sitio ha cambiado a ser más popular, más gente quiere tener casitas allí… Había cientos de estos ranchos que estaban encima de la playa, en tierras públicas. De hecho, a través del vídeo conocí esa pareja y esta fue la historia de lo que ocurrió y cómo lo vi allí…

Cada año hay más movimiento, más gente y más hostales. Pero la esencia de Punta del Diablo sigue vigente, como un pueblo medio vacío, medio dormido y bien alegre.

John Torrente  John Torrente. USA

  Es fotógrafo, viajero y ciudadano del mundo. Escribe sobre sus viajes en el blog

   “The walking man press” y colaboró con Playea en su última visita a España.