Muchos los hemos visto pero no tantos sabemos qué es hacer sufcasting en la playa

Son más de las ocho de la tarde y el sol empieza a caer. Llega el final de un largo día estival en una de las grandes playas mediterráneas. Los bañistas terminan de darse el último chapuzón del día, para recoger los bártulos y volver a casa. Al mismo tiempo, otras personas llegamos a la playa, también con muchos bultos, pero éstos bien distintos a los de los anteriores.

Cuando la playa se ha despejado completamente, los nuevos visitantes comenzamos a desplegar nuestras cosas. Poco a poco, montamos nuestras largas cañas, y preparamos los utensilios que hemos traído en grandes cajones. Hemos venido con la intención de pasar la velada, por lo que nos ponemos las linternas en la cabeza y cenamos tranquilamente mientras termina de caer la noche. Por si alguien no se ha dado cuenta aún, lo desvelo ya: somos pescadores deportivos que practicamos la modalidad del surfcasting en la playa.

El surfcasting es una de las modalidades de pesca deportiva desde la costa más practicadas en la actualidad, y que consiste, básicamente, en lanzar el cebo al mar con la ayuda de potentes cañas desarrolladas específicamente para este fin. Se puede pensar que éste es un concepto algo estéril, pero he de aclarar que para los que nos gusta, se trata de una auténtica pasión, que en muchos casos se convierte en una forma de vida.

Explicar por qué ésta actividad es una pasión me resulta bastante simple: mi pasión es por el mar, y también por las playas. Que el surfcasting sea mi modalidad de pesca favorita es precisamente porque se desarrolla desde la playa: me permite pescar, una de las actividades que más me gustan, al mismo tiempo que disfruto de la arena, del agua, de la naturaleza y de los lugares más impresionantes que podemos visitar en este mundo.

Para elegir una playa u otra, los surfcasters analizamos todas sus características: la presión humana que hay sobre la playa, el viento, las mareas, la profundidad, el tipo de arena, el tipo de fondo, las algas que hay, las especies de peces que habitan, y el alimento que éstos pueden encontrar en ese entorno. Conocer e interpretar todas estas características cambiantes de una playa es muy difícil, y sólo es alcanzable mediante la experiencia y el contacto con la playa. La tarea es más difícil aún cuando tenemos tantísimas playas disponibles para elegir, todas ellas muy distintas entre sí; a cuál más bonita, a cuál más interesante.

Sin embargo, no todo es tan ideal. Algunos usuarios de las playas, y muchas administraciones, nos tienen en el punto de mira, ya que en los últimos tiempos se nos ha responsabilizado de gran parte de la suciedad de las playas y de molestar a los bañistas. Con permiso de las excepciones que nosotros mismos denunciamos, creemos que no es justo generalizar y estigmatizar a todo un colectivo. A los que considero compañeros cuidan la playa, porque aman la playa; mis compañeros saben perfectamente que nuestra actividad, que es deportiva, lúdica, y de ocio, depende única y exclusivamente del buen estado de la playa y del medio marino. Respetamos los horarios de baño, recogemos nuestra basura y muchas veces también la de otros usuarios de la playa. Además, exigimos responsabilidad a los que no la tienen, sean pescadores, deportistas, bañistas, o ambas cosas. Somos conscientes de que las excepciones existen, y son lamentables, pero sin intención de encender el ventilador, no son más frecuentes que las de los bañistas.

La jornada continúa poco a poco, sin muchas capturas en esta ocasión, pero eso no es un problema. Hace una noche muy agradable, sin viento ni frío, y con una gran luna en todo lo alto, que nos está permitiendo disfrutar del entorno, de la belleza y de la tranquilidad de la playa de noche. Entre lance y lance, nos contamos nuestras vidas con la melodía de las olas de fondo. Cuando es invierno, aprovechamos la ausencia de bañistas para disfrutar del surfcasting diurno y de la playa en toda su plenitud.

Son las seis de la mañana y está comenzando a amanecer. La actividad pesquera empieza a ralentizarse y es hora de recoger nuestras cosas -también la basura- e irnos a descansar. Con todo debidamente guardado, empezamos a andar hacia afuera, alejándonos poco a poco de la orilla, con el sol levantándose a nuestra espalda. Miramos atrás. Ahí se queda la playa, preparada para un nuevo día. Personalmente, siento algo extraño: tengo prisa por llegar a casa, pero al mismo tiempo tengo un sentimiento de cierta tristeza, o de nostalgia, no sé muy bien. Algo me dice que la echaré de menos. Por eso volveré. Por eso siempre volvemos.

Administrador de Surfcasting.es